domingo, 13 de marzo de 2016

Ligeramente desenfocado

Hoy os voy a contar la increible historía de mi fin de semana.
Esta comienza, como todas las buenas historias, con un grupo de amigos en un bar demasiado frecuentado, planeando una escapada tranquila.
La idea básica era coger el coche un sábado por la mañana y hacer una pequeña ruta por algunos pueblos con historia.
Cámara en mano y suficientemente abrigados, nos lanzamos a la carretera en busca de rincones con encanto y personajes relativamente interesantes que fotografiar.
A Paul Stinson se le ocurrió, que para empezar, podíamos parar en un pueblo de interior con cierta fama de encantado. Y así lo hicimos.
Yo aún estaba soñando con la promesa del primer café de la mañana cuando de repente, encontramos una plaza que tenía una estupenda terraza con sol de montaña, así que sin darle más vueltas nos sentamos y le pedimos al camarero cuatro cafés (solo uno de ellos para mi) y algo para desayunar. Rápidamente reparamos en el carácter del señor y me dispuse a pedirle un retrato, sacando mi cámara me dijo: No se si estáis en el sitio ideal para hacer fotos, en este pueblo, estas máquinas modernas no funcionan. 
No pudo importarme menos su comentario, así que le hice la foto igual. Algo raro si me pareció que al terminar, se alejó con una de esas "risitas" algo espeluznantes.

Jorge Delgado. Foto por Paul Stinson.

















Y aún más raro me pareció el asunto, cuando al revisar la foto en la pantalla de la cámara, no había ninguna de las dos o tres que le hice.
Todavía no sabía lo que nos esperaba más tarde, así que culpé a la tarjeta de memoria por el fallo y no le dimos más vueltas.
Otra vez en marcha, en busca de luces y sombras interesantes, dimos unas vueltas por las callejuelas y los rincones del pueblo, a ver que cazábamos.

Foto por Jorge Delgado.

Paul Stinson. Foto por Jorge Delgado.

Betty Miranda. Foto por Jorge Delgado.

Layla Stinson. Foto por Jorge Delgado.








Todo iba perfectamente bien, la luz era preciosa, buena compañía y la tarjeta de memoria no me había dado ningún problema. Cuando al girar una esquina, una señora aparentemente normal se acerca a Layla y le dice que, si queremos, podemos entrar en la iglesia, que nos encendía las luces para que pudiésemos sacar buenas fotos del interior. A priori todo parecía genial, aunque no dejó de darnos un pequeño escalofrío a todos. 
La misteriosa señora nos guió hasta el interior de la iglesia y empezó a explicarnos un poco de la historia del lugar.
Al parecer, esa iglesia había sido quemada varias veces desde que fue construida y cada una de esas veces había pasado algo extraño. Según nos comentó la última vez fue quemada por lo nazis nada menos, además, habían dejado unas marcas de cruces de varias religiones y creencias en las paredes, y que ella había podido escapar del último incendio por unos pasadizos secretos que aparecían poniendo la mano en unas piedras en concreto. Estaba claro que la mujer era una embaucadora, por que no era tan mayor como para haber escapado de los nazis.
Aún así, ante semejante historia, no salíamos de nuestro asombro y de repente, en un momento dado, la señora, toca el brazo a Betty para murmurar unas palabras que no entendimos, aunque otras que si las entendimos, eran bastante siniestras: Eres inteligente y buena persona, pero hoy, veréis sangre y oleréis a la criatura de los colmillos. Y en un abrir y cerrar de ojos, la señora se esfumó.

Foto por Jorge Delgado.                                                                         Foto por Paul Stinson.


Mujer misteriosa. Foto por Jorge Delgado.

Betty Miranda. Foto por Jorge Delgado.













Como ya habíamos tenido bastantes misterios para una mañana decidimos emprender el camino de nuevo para encontrarnos con unos familiares de Layla y comer juntos en un pueblo cercano.
Ya en el coche, aún un poco aturdidos, nos dimos cuenta que, de hecho, si que faltaban algunas fotos de las tarjetas de memoria, además esas palabras de sangre y demás nos dieron vueltas por la cabeza un rato.
Después de unos kilómetros, ya charlando y entre risas (un poco más nerviosas de lo que quiero admitir) nos disponíamos a llegar a nuestro destino, cuando de repente, al girar una curva, nos encontramos con un helicóptero aterrizando a diez metros del coche. Justo delante de un pequeño hotel. En una rápida maniobra, Paul aparca como puede y nos bajamos para preguntarle a la gente del lugar que había pasado.

Foto por Jorge Delgado.

Foto por Jorge Delgado.

Foto por Jorge Delgado.




















La historia que nos contaron, increiblemente, es que un jabalí enorme había atacado a una chica que andaba por el lugar y que al parecer le había hecho bastante daño, además decían los testigos que había perdido bastante sangre y por eso se la llevaban en helicóptero.
Para colmo, al rato, aparecieron  unos cazadores de la zona con el jabalí en cuestión, ya abatido.

Foto por Jorge Delgado.
¿Cómo no? Los cuatro pensamos; jabalí, colmillos, sangre... 
Las palabras de la mujer misteriosa parecían predecir esto, pero, ¿Cómo es posible?

Ya totalmente asombrados, llegamos al restaurante donde habíamos quedado para comer y contando todo lo sucedido en voz alta, pudimos relajarnos y compartir la experiencia.
Aún quedaba tiempo para algunas fotos más, una buena comida y descansar un rato para volver a la ciudad. 

Foto por Jorge Delgado. 
Foto por Jorge Delgado.

Foto por Jorge Delgado.

Foto por Jorge Delgado.



Hay un dicho popular, o de algún antiguo filósofo chino, que dice: Si la historia es buena, no la fastidies con la verdad.
Yo, como buen admirador del trabajo literario de Robert Capa, se que el nunca hubiese fastidiado una buena historia, así que esta, es la historia, ligeramente desenfocada, de un fin de semana muy divertido, muy fotográfico y lleno de sorpresas.

Espero que os haya gustado.
Atentamente,
Jorge.

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